Conciencia y sanación emocional

17 de December del 2018

“Conciencia y sanación emocional”

Autor: Manuel Casquero Durán

Ser y sentir

Reservados los derechos.

 

 

Unos de los objetivos más apasionantes de la existencia humana es llegar a conocerse a uno mismo. Para ello, la necesidad y el placer de aprender, la capacidad de introspección y el desarrollo de nuestra inteligencia emocional son pilares esenciales.  Conocerse a uno mismo, también implica conocer y comprender mejor a los demás.

 

Nuestra identidad abarca muchas facetas; la que creemos que somos, la que mostramos al  exterior y la que los demás perciben de nosotros. ¿ Cuál de ellas es más importante?. En mi opinión,  todas tienen el mismo grado de importancia, porque confirman nuestras certezas, complementan nuestra visión  y nos indican aquellos puntos ciegos en los que aún no hemos reparado. Es decir, son un prisma con diferentes aristas que nos muestran la luz del autoconocimiento.

 

Mi experiencia en  terapia emocional me ha aportado el conocimiento  de que detrás de muchos estados de ansiedad, sentimientos de culpa,  duelos no resueltos, problemas de autoestima, errores en vínculos y otros tipos de conflictos psicológicos, siempre hay una emoción desadaptativa atascada. El objetivo de este tipo de terapia es llegar a esa emoción base, que el paciente tome conciencia de ella, de su posible origen y de porqué se ha mantenido.  Os puedo asegurar que el simple hecho de “toma de conciencia” y de la liberación que supone, conlleva a que el propio paciente realice una restructuración cognitiva más adaptativa y optimice sus recursos para afrontar sus problemas.

 

Es preciso  realizar una pequeña aclaración. Todas las emociones son positivas porque nos aportan información significativa que tiene gran utilidad. Por ejemplo, el miedo nos protege, la ira reclama nuestros derechos y la tristeza  nos sirve para reclamar afecto. El problema está cuando, aunque sepamos identificarlas, tenemos  problemas para explicarlas, comprenderlas y regularlas.  Un miedo repetitivo y sin causa aparente ya no es adaptativo, como no lo es una tristeza reincidente o una ira descontrolada.

 

El mantenimiento y la repetición de emociones destructivas, como puedan ser la tristeza, el miedo, la ansiedad y la vergüenza en niveles desproporcionados, así como otras más complejas que generan el sentimiento de rencor,  o de culpa, conlleva a la parálisis, que la persona interrumpa o interfiera su desarrollo personal, pierda interés por el aprendizaje, disminuya su autoestima y tienda a encerrarse en si misma y en sus problemas, como si no existiese nada más en el mundo.

 

Este tipo de personas se quejan una y otra vez de no ser comprendidas ni correspondidas por los demás, desconfían de todo lo que les rodea, quieren huir de la soledad y no pueden y su autoestima es cada vez más baja. Metafóricamente son como una esfera que cada vez se va haciendo más pequeña y oscura. Además, una emoción destructiva suele acabar generando otras del mismo tipo.

 

En cambio, las personas que consiguen un adecuado equilibrio emocional (esto no significa no enfadarse con motivos, sentir tristeza ante una pérdida o miedo ante un amenaza real), se diferencian de las anteriores, porque pueden reconocer mejor sus emociones y las de los demás, explicar con fluidez sus estados de ánimo, comprender las variables y las situaciones que pueden  alteran su estado emocional, y, por último, saben regularlas y cambiarlas por sentimientos y estilos de afrontamiento más eficaces.

 

 Las emociones positivas, como pueden ser; el amor, la seguridad en uno mismo, la libertad en la toma de decisiones, el optimismo o la esperanza, generan mayor interés por el  aprendizaje, mejoran los vínculos con los demás, potencian la curiosidad por el mundo que nos rodea. En pocas palabras, contribuyen a un mayor nivel de crecimiento y de desarrollo personal. Siguiendo la metáfora anterior, serían como una esfera  transparente que se expande cada vez más. Un globo que tiende a subir por el espacio.

 

Igualmente, si dentro de nosotros  predominan las emociones positivas, vamos a recibir del mundo que nos rodea y de los demás mayor nivel de empatía, amistad, amor y valoración personal.  En definitiva, recibimos lo que somos capaces de proyectar desde nuestro interior. Es una ley que nunca falla.

 

 

 

 

 

Seguramente que lo habéis comprobado, aunque no siempre hayáis tomado conciencia de ello, pero cuando alguien sonríe con espontaneidad y sinceridad, recibe muchas más sonrisas, fomenta pensamientos  positivos y le es mucho más fácil adaptarse a situaciones complejas o relacionarse con desconocidos. ¿Por qué?... pues posiblemente porque muestra más nivel de seguridad, provoca menos rechazo y desconfianza y a la vez demuestra sers tolerante y comprensivo/a.

 

En cambio, una persona rencorosa, pesimista o amargada, genera lo que de forma más básica se etiqueta como “energía negativa”, y solo sintoniza con personas más negativas que ella, lo que le conduce al retroceso, la queja permanente y el aislamiento.

 

La base de los conflictos personales humanos es muy sencilla. Todos tenemos miedos básicos desde nuestra más tierna infancia, como por ejemplo a ser abandonados, no queridos o reconocidos. Miedo ancestral a la muerte, a perder la seguridad, a la soledad, a ser atacados… Ante estos miedos utilizamos mecanismos de defensa para defendernos de ellos y adquirimos hábitos o conductas que pueden ser  desproporcionadas y tienden a repetirse y crear malestar.  Estas emociones que no son adaptativas se atascan, son reiterativas y sin posible causa que las pueda justificar. En definitiva,  son  máscaras que en verdad están ocultando necesidades vitales aún no cubiertas.

 

A continuación se detallan las principales máscaras emocionales, lo que esconden y como liberarse de ellas:

 

  • Detrás de la máscara del rencor late el sadismo por herir y el masoquismo de sentirse herido. Para despojarte de la máscara del rencor, practica la tolerancia, la empatía y el respeto con las decisiones de los demás. Si no lo haces, el rencor, más tarde o más temprano destruye y te hará sentir destruido.

 

  • Detrás de la máscara del fracaso late rendido el victimismo y la dejación por darse por rendido.  No saber o no poner aprender de lo sucedido. Para despojarte de la máscara del fracaso, revisa las expectativas que te pusiste a ti mismo. Valora con justicia todo lo que has conseguido. Y, recuerda, el éxito o el fracaso son siempre relativos. Más doloroso que fracasar es no haberlo nunca intentando.

 

 

  • Detrás de la máscara de la arrogancia, late la insolencia y la ignorancia. Para despojarte de la máscara de la arrogancia, acepta que los verdaderamente grandes no necesitan alardes, “son humildes” y por ello, mucho más respetados y reconocidos. 

 

  • Detrás de la máscara del olvido, late como espesa bruma, el grito del tiempo perdido. Para despojarte de la máscara del olvido, céntrate en valorar lo que día a día has aprendido. Si quieres que tu existencia tenga verdadero sentido, rememora preferentemente los instantes con mayor plenitud que hayas vivido.

 

  • Detrás de la máscara de la vergüenza, late sumergido el pudor de un corazón que fue exhibido y ofendido. Para despojarte de la máscara de la vergüenza, alimenta la autoestima y el amor por ti mismo. Con mayor paz interior, serenidad y equilibrio, no te avergonzará ser exhibido.

 

  • Detrás de la máscara de la culpa, laten enardecidos los colmillos de quien ha herido. Para despojarte de la máscara de la culpa, practica el perdón contigo mismo e intenta reparar los errores cometidos.

 

  • Detrás de la máscara de la soberbia, late el atrevimiento más pusilánime del cretino. Para despojarte de la máscara de la soberbia, platéate que el poder y el respeto te lo aportan los demás como valor añadido. El último que se entera de su mediocridad es el cretino.

 

  • Detrás  de la máscara de la ira, late el impulso no contenido por herir y ser herido. Para despojarte de la máscara de la ira, aprende a ser asertivo. No juzgues a tu interlocutor como un enemigo porque no comparta tus creencias. Escucha para defender tus derechos y reacciona sin ofender.

 

  • Detrás de la máscara del egoísmo, late el descontento insatisfecho con todo lo que se ha conseguido. Para despojarte de  la máscara del egoísmo, practica la generosidad y te darás cuenta que recoges mucho más de lo que has ofrecido.

 

  • Detrás de la máscara de la envidia, late cautivo el desprecio sin sentido por uno mismo. Para despojarte de la máscara de la envidia, desarrollar tu autoconfianza, no te compares con los demás, labra y sé el protagonista de tu destino.

 

 

 

  • Detrás de la máscara de la sonrisa niquelada y perfecta, se esconde la sombra ovalada de la tristeza. Para quitar la máscara del que te obliga a fingir, piensa que no engañamos a nadie y acabarás confundiendo tu verdad con tu cinismo.

 

  • Detrás de la máscara de  la tristeza, late sumergido el temor a ser abandonado o no ser querido. Para despojarte de la máscara de la tristeza, dale una oportunidad al amor. Te está esperando en cualquier camino. De su brazo no te sentirás más herido, sino reconocido y comprendido.

 

  • Detrás de las parálisis de tus miedos, laten todas las inseguridades y la vulnerabilidad de tu ego.  Para despojarte de  las máscaras de tus miedos, siéntete seguro apoyándote en la experiencia, y así relativizarás cualquier tipo de peligro.

 

Si en verdad quieres dejar de engañarte, asume que danzamos disfrazados en un carnaval del que formas parte. Si en verdad quieres conocerte y no traicionarte más a ti mismo, antes de seguir lamentándote, responde: ¿detrás de que máscaras emocionales te escondes?

 

Si deseas que la vida sea más junta y generosa contigo, antes de seguir lamentándote comprende: Todo lo que percibes en el exterior es un reflejo de tu interior.

 

Si te abres a la vida y dentro de ti fomentas el amor, la seguridad y a libertad, atraerás en vez de rechazar, y recibirás en la vida lo que eres capaz de proyectar.

 

Solo a través de la honestidad y si eres capaz de mirar con valentía dentro de tu alma, podrás despojarte de todas tus máscaras.

 

Cualquier pequeño cambio puede provocar grandes transformaciones en tu vida. Cambiarás tu, cambiará el mundo y los demás porque tus sentimientos, pensamientos y actos estarán en sintonía.

 

Cualquier decisión, por pequeña que parezca, es una brisa que  puede transformar en un vendaval, lo que antes percibías como una amenaza o gota fría.

 

Toma conciencia de lo que sientes y expresas y alimenta tu alma de emociones positivas.

 

No te avergüences nunca de lo que eres y de lo que sientes. Tomar conciencia de tus emociones y reconocer la verdad no es una debilidad, sino la estrategia que te ayudará a avanzar y a ser cada vez más fuerte.

 

Autor: Manuel Casquero Durán

Ser y sentir.

Reservados los derechos.