EL PRECIO DE SABER AMARSE A UNO MISMO

17 de December del 2018

”EL PRECIO DE SABER AMARSE A UNO MISMO”

Manuel Casquero Durán (Ser y Sentir)

Reservados derechos

 

Un aspecto esencial en el desarrollo de la inteligencia emocional es “La empatía” que podríamos definirla como  la capacidad de ponerse en la situación del otro, comprender sus sentimientos y pensamientos, sin dejarse contaminar emocionalmente, y, conservando  cierta objetividad.

No  se puede ser totalmente empático con los demás, si no hemos aprendido antes a serlo con nosotros mismos.


Ser empático con uno mismo significa necesariamente desarrollar las capacidades de introspección y autoconocimiento. O, lo que es lo mismo, sentir curiosidad por llegar a entender cómo nos comportamos, sentimos o pensamos. También aceptar y comprender nuestro pasado, nuestras dudas, debilidades, fracasos. Asimismo, valorar nuestros aciertos, éxitos y fortalezas, sin necesidad de contar con la aprobación o el refuerzo de los demás.

Las personas que han desarrollado un adecuado conocimiento de sí mismas, antes han aprendido a aceptarse y a quererse. Normalmente son personas con una autoestima fortalecida, lo cual no debe confundirse con “egoísmo”, “soberbia” o “narcisismo”. Precisamente las personas que desvaloran o desprecian a los demás y se creen superiores, en el fondo, disfrazan y no saben canalizar importantes carencias. Sienten mucho miedo de que sus debilidades  salgan a la luz.

No sabremos nunca amar y comprender a los demás, si antes no lo hemos sabido hacerlo con nosotros mismos. No podemos convertirnos en un espejo para ayudar e entender al que lo necesita, si no somos transparentes y brillamos con luz propia.

Seguramente, muchos de vosotros, aún compartiendo muchos de mis argumentos, pensaréis “¿Qué significa amarse a uno mismo?” ¿Cómo lo puedo conseguir?
 

El objetivo de este artículo es describir  en hábitos, actitudes y conductas lo que significa “saber amarse a uno mismo”. Mi única pretensión es que su lectura os pueda ayudar a reflexionar sobre este importante aspecto.


Podría definir a las personas con un adecuado conocimiento de sí mismas, como “Piel de agua” porque han aprendido a aceptarse, y, por lo tanto, han logrado quererse. No les cuesta mostrarse transparentes, su mundo racional y emocional están equilibrados  y son coherentes con sus valores.

 

 Para fortalecer su autoestima desarrollan los siguientes hábitos y competencias:

 

1) Saben perdonarse sus errores sin culpabilizarse. Por todo lo contrario, analizan sus debilidades como oportunidades para aprender y mejorar. Cuando miran hacia el pasado ponderan más los aspectos positivos vividos que los fracasos. Asimismo, enfatizan la importancia de vivir en el presente, para construir el mejor puente hacia el futuro.

2) Son personas que no critican despectivamente a los demás, ni gozan con la crítica o el chisme. Pero, si admiten de forma constructiva cualquier crítica hacia ellos, sabiéndola encajar y sacando de esta información el mejor de los partidos. En conclusión, son personas tolerantes, flexibles que admiten y reconocen las diferencias individuales.

3) Nunca sienten envidia por los éxitos de los demás. Por el contrario, se alegran y en vez de cuantificar la meta alcanzada por la persona que ha triunfado, se fijan en el camino que ha seguido, para aprender de su triunfo.

4) Mantienen suficiente autonomía en su vida a la hora de tomar 
decisiones personales o profesionales. Tienen una visión clara de qué es urgente e importante, así como de sus metas y no delegan sus decisiones. . Se atreven a arriesgar un poco cada día porque confían en sus capacidades y posibilidades. En definitiva, no les preocupa tanto equivocarse, como no decidir o que los otros decidan por ellos.

5) Poseen suficiente tolerancia a la frustración. Si la recompensa a sus esfuerzos no llega en el “corto plazo”, no se desesperan ni se dejan llevar por la ira, miedo o tristeza. Controlan sus impulsos y con paciencia saben esperar, porque tienen la convicción que cualquier progreso tarde o temprano les ayudará a avanzar.

6) Buscan la recompensa o el reconocimiento dentro de si mismos. Son personas que saben disfrutar con lo que realizan, evolucionan y no se imponen “obligaciones innecesarias”. Igualmente, evitan compararse con los demás y hacer juicios injustos de si mismos.

7) “Aman y se entregan a los demás” desde la independencia. Este aspecto  quiere decir que evitan “apegos” en sus relaciones que pueden convertirse en adictivos. Respetan la libertad de amar y de sentir de los demás, pero también defienden la suya. Si mantienen una relación sentimental o personal, aceptan sin temor que un día puede finalizar, pero se centran más en vivirla con intensidad que en amargarse la existencia anticipando posibles traiciones. Nunca se preguntan “¿Quien puso más?” porque disfrutan con lo que entregan y valoran lo que reciben. Por último, no les asusta la soledad y encuentran en esta situación una oportunidad de reflexionar y estar acompañados consigo mismos.

8) Saben reírse y relativizar  sus limitaciones o errores. Transmiten positivad y buen humor. Normalmente aplican este mecanismo de defensa, incluso, en las situaciones más difíciles o dolorosas, haciéndolas mucho más llevaderas y soportables.

9) No les cuesta ningún trabajo decir “no”. Conocen, asumen y cumplen los límites que no están dispuestos a traspasar. No les importa “perder” en el momento con la negación porque saben que a medio plazo van pueden ganar”. Su coherencia e integridad les facilita que no renuncien a ninguno de sus valores fundamentales.

10) Prestan tanta atención a su cerebro racional como emocional. Nuestro cerebro emocional (mesencéfalo) es muy anterior al racional en la evolución de nuestra especie. Por ello, cuando estamos en peligro, sufrimos un trauma o una experiencia demasiado intensa, el cerebro emocional secuestra al racional. Son esas ocasiones en las que no comprendemos porque hemos actuado de la forma impulsiva en que  hemos hecho.

 Ninguna emoción es inútil o inservible por muy negativa que parezca. Cada emoción, si la sabemos analizar, nos aporta información significativa sobre nuestras necesidades y todo lo que alberga  nuestro mundo inconsciente, que es mucho más extenso que el consciente. Las personas que saben “quererse a si mismas”, identifican, explican, comprenden y saben cómo manejar y actuar sus emociones. Por ello, no suelen caer en el autoengaño.

Posiblemente al leer todas las actitudes y habilidades mencionadas anteriormente, pensarás qué difícil es aprender a amarse a uno mismo. Pues no, no es tan difícil, es solo cuestión de voluntad. No es imprescindible aprender, una a una, todas esas competencias. Cuando llegues sentir un amor sano por ti, las generarás automáticamente, porque reinarán en ti la paz y la serenidad.

¿Sabes en que etapa de tu vida te amabas realmente a ti mismo/a? … Cuando eras niño, vivías la intensidad de cada segundo, tenías la mente abierta, no te cansabas de aprender y nada limitaba tu imaginación. Al convertirte en adulto, posiblemente dejaste de ser tú para responder a demasiados condicionamientos sociales y morales

Se tu mismo en la alegría y en el dolor, en la pobreza y en la abundancia, en la soledad y en la compañía y en el éxito y el fracaso. Si eres coherente e integro, nada podrá destruirte y todos te respetarán.

La verdad de agua es transparente como el amor o el lenguaje universal de las emociones. “Fluye desde tu propio ser. Que nada ni nadie consiga atar tus alas, no olvides que antes que nada, tu verdadera identidad es tu alma”.

 

Autor: Manuel Casquero Durán (Ser y sentir)- Registrado.