13 de November del 2017

El Sembrador

El verdadero sentido de nuestra existencia es dejar una huella de nuestro paso por la vida que nos pueda sobrevivir.  Una huella por las obras que hayamos hecho. Una huella en el corazón de la gente que nos quiso. Una huella de nuestra singularidad. Una huella de nuestros aciertos y equivocaciones. Una huella de nuestra contribución a la vida de los demás.

Saber vivir es lo más parecido a ser un buen sembrador.

Dependiendo de la forma y el método en que sepamos esparcir nuestras semillas personales, nuestra existencia tendrá la capacidad de generar los mejores frutos.

 

Por ello, es importante recordar:

 

No siempre el sembrador encuentra una buena tierra para sembrar. Tiene que ser paciente y perseverante, pero sobre todo amar profundamente la tierra que cosecha.


En ocasiones, se le confunde con un perdedor porque admite sus fracasos  con dignidad. No culpabiliza a nadie de sus errores y sabe aceptar los designios de la vida. Sólo si ha sido  generosa la estación de la lluvia y el sol,  amasa con humildad  la flor blanda de su pan para compartirlo con los demás.


No siempre el sembrador vive la mejor estación para sembrar. A veces espera una mejor ocasión. Existen momentos de confusión en que las oportunidades parecen no llegar nunca. Pero a él le basta con mirar al cielo, para establecer un diálogo entre el sol y las nubes y nunca pierde la esperanza.  Se dice a si mismo: Si la naturaleza cumple sus ciclos y resiste, por qué no voy a poder resistir yo?.

 

Las cosas que realmente merecen la pena en esta vida no se consiguen si no es con voluntad, esfuerzo y sudor. Cuando somos agradecidos con la vida y su naturaleza, el sol y la lluvia se ponen de acuerdo para favorecer que florezcan nuestros esfuerzos.



 

 

 

 

 

El sembrador no es un predicador que acusa a quien no procesa su forma de entender la vida.  Es tolerante porque sabe que todos tenemos asignada una parcela en la vida. La tierra es tan fecunda e infinita como el corazón de los hombres.


El sembrador no es un represor que pone precio a lo que entrega y a sus manifestaciones de amor.  La tierra le ha enseñando en toda su dimensión lo que significa la generosidad. Para él no deja de ser un milagro que de la fusión de los minerales, el agua y el sol pueda alimentarse toda la vida. Cuántas más personas sean sembradores, más fecunda y agradecida será la tierra. Quien solo se preocupa de llenar la despensa de su granero, sin compartir con los demás, más posibilidades tendrá de vaciarse y no sobrevivir a los tiempos de sequía.

 

El sembrador no deja de ser un soñador. Se siente en parte hijo de la tierra, el sol y la lluvia. No entiende de monedas, intercambios ni medidas y solo busca cosechar para autorealizarse. Sabe que si no da en todo momento lo mejor de si mismo no podrá abonar nunca la plenitud que busca.

 

 Pero no todo el mundo siente igual o vive para ser un buen sembrador. Los egoístas suelen vivir ciegos, en un sufrimiento permanente y acaban siendo sus propias víctimas. Siempre habrá almas que desconfían de la generosidad, el crecimiento personal o el amor.

 

 El sembrador no se enfrenta a ellas, no les reprocha su odio, su ambición  ni su egoísmo. Intenta que aprendan con su ejemplo y  les compadece porque sabe que son tierras baldías.

 

El tiempo para las cosechas de cualquier vida es limitado. Cuando no sabemos aprovecharlo, cuando no sabemos compartir, cuando no encontramos el sentido a nuestra existencia.. Nos convertimos en piedras.   

 

 

 

 

 

El sembrador no puede evitar el egoísmo, las desigualdades y todas las sombras que el odio engendra en muchas almas. Pero se dice a si mismo:

 

"Es mejor aprender a ser sembrador que fría piedra que nunca germinó."

 

 

 

Reflexión:

 

Ninguna vida pasa sin dejar huella. Cada uno tenemos reservada una parcela de tierra. Dentro del territorio de  nuestra existencia, tendremos que decidir, luchar, acertar,  equivocarnos, perder, ganar.. Ser los verdaderos protagonistas de nuestras vidas requiere aprender a sembrar día a día.  Dar lo mejor de nosotros mismos, incluso en los momentos de larga sequía. Saber construirnos una esperanza real con nuestros esfuerzos e ilusiones a la vez. 

Si entre nuestros valores prevalecen el amor y la generosidad, nuestra tierra se ensanchará y será mucho más fecunda.

Tal vez un día partiremos porque se acabará nuestro ciclo, pero las semillas de los que fuimos nos sobrevivirán y ayudaran a cosechar la existencia de otros sembradores. 

 

Autor:. Manuel Casquero Durán

Ser y sentir

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