Fuentes inagotables de sufrimiento humano

20 de November del 2017

Son baches emocionales, conflictos, creencias, y hábitos poco positivos  en los que caemos y parece que no logramos salir. El dolor repetido y mantenido durante mucho tiempo, no es otra cosa que el sufrimiento.

El sufrimiento nos hiere y hiere a los demás y estropea todo lo que nos rodea.  Nos vuelve pesimistas, solitarios, inactivos  y nos hace sentir fracasados. Normalmente una emoción poca adaptativa, como pueden ser la tristeza, el miedo,  la ira, la culpa o la vergüenza, mantenidas en el tiempo, solo atraen sentimientos destructivos, bajos estados de ánimo. Minan considerablemente nuestra autoestima y potencial, así como  todas las posibilidades que tenemos para ser felices. 

Cuando vives en una espiral de negatividad, buscas tus enemigos fuera, cuando en verdad no hay peor enemigo que uno mismo cuando se vuelve autodestructivo.

Si sientes malestar psicológico por razones que aún desconoces, el primer paso es tomar conciencia. En este artículo podrás encontrar las fuentes más comunes que despiertan, alientan y mantienen el sufrimiento humano.

 

PRINCIPALES CAUSAS DEL SUFRIMIENTO HUMANO

 

  • No aceptarse a uno mismo/a
  • Resistirse a la realidad
  • Apegos fuertes
  • Adiciones
  • No dejar ir
  • Duelos no cerrados
  • Sentimiento de culpa
  • No vivir en el presente
  • No aprender de los errores
  • No aceptar el paso del tiempo

 

NO ACEPTARSE A UNO MISMO/A

 

“No aceptarse a uno mismo/a implica desconocerse.  Tener la tendencia a mantener un estado de insatisfacción continuada por exigirse demasiado o no valorarse en absoluto.  Si no eres consciente de tu potencial, nunca llegarás a desarrollarlo. Asimismo, quien no se acepta a si mismo, tampoco consigue entenderse, ni  perdonarse.  Sus heridas nunca dejan de sangrar. Por lo general, se empeña en ser quien los demás desean que fuese y se olvida de si mismo/a.

Quien no se acepta a si mismo/a:

Es un ser extraño que no reconoce su imagen ni el cuerpo en el que habita.

 

RESISTIRSE A LA REALIDAD

 

“Resistirse a la realidad y negarla es prolongar el sufrimiento hasta el infinito.”  Existen variables que están dentro de nuestro control, pero otras son externas y no dependen de nosotros.  Quien se resiste o no acepta la realidad está condenado/a cometer siempre los mismos errores.

 Tener capacidad de aceptación libera enormente el sufrimiento y no significa “Resignación”. Es totalmente compatible ser objetivos y adaptarse a la realidad y luchar por intentar cambiarla.

Quien se resiste a la realidad

Es como un marinero que pretende cruzar con un velero los siete océanos.

 

APEGOS FUERTES

“Vivir con un apego fuerte a personas, pertenencias o ideologías nos convierte en esclavos y merma gran parte de nuestra libertad y autonomía personal.  Cuánto más nos apegamos a algo, más posibilidades estamos sembrando de perderlo.  Tan nocivo es un apego excesivo, como un total desapego.  El mal apego es un desgaste emocional continuo que nos conduce a la búsqueda de la satisfacción del otro antes que la nuestra.   Asimismo, provoca ansiedad e insatisfacción y  a largo plazo se convierte en un hábito que proyectamos en otras relaciones, deteriorándolas.   Las personas que tienden a ser muy dependientes emocionalmente, no dejan de sentirse víctimas, no correspondidas y maltratadas.  

Quien no se apega adecuadamente

Es como un escultor que acaba todo el barro del que dispone y nunca llega a acabar la estatua que idealiza.

 

ADICIONES

 

Cuando cualquier adición se convierte en el centro de gravedad de tu vida es porque, muy probablemente, tienes alguna necesidad vital que no sabes cómo cubrir.  Las adiciones te roban espacio, tiempo y protagonismo.  Mientras las consumes vives una estabilidad aparente, pero en el momento en que te falta su estímulo, tu ansiedad se duplica y pierdes totalmente el control de ti mismo. Existen múltiples ejemplos de personas que han llevado su vida al abismo, víctimas de una adición.

Quien sufre algún tipo de adición

Es como un hambriento con gula que solo consume un alimento, sin saber que ese alimento le está dejando sin otros nutrientes y que acabará poniendo en riesgo su vida.

 

 

NO DEJAR IR

 

Solo demuestra la inseguridad en uno mismo. Por nuestra vida pasan muchos tipos de personas y todas cumplen una misión en ella.  Hay personas que llegan para no quedarse y nos las traen las circunstancias.  Hay personas que se quedan para manipularnos y luego se marchan.  Hay personas que llegan para enseñarnos algo, y, por último, hay personas que se quedarán en nuestra vida siempre presentes, aunque no estén.   No saber diferenciar entre unas y otras nos conduce que podamos perder a gente valiosa y alargar nuestro sufrimiento con gente que no merece la pena.

Quien no sabe dejar ir

Es como una persona que se está ahogando y por no saber despojarse del peso que lleva encima no puede llegar nunca a la superficie.

 

DUELOS NO CERRADOS

 

Todos sufrimos duelos en la vida que están relacionados con nuestras pérdidas. Para procesar un duelo pasamos por  distintas fases:  Negación, ira, culpa, tristeza y por último aceptación.  Pero, aveces confundimos la “aceptación” de la pérdida con ciertos mecanismos de defensa para no afrontarnos a ella (por ejemplo, creer que la persona fallecida nos está observando desde el más allá).  Por este motivo, el duelo nunca llega a cerrarse o se cierra en falso.  Un duelo no cerrado parece como si estuviera dormido, pero siempre acaba por despertar, se proyecta en otras pérdidas y prolonga inecesariamente nuestra tristeza y malestar.

Es inevitable que nos enfrentemos a duelos en nuestra vida. Realizar un duelo es sano y terapéutico, pero nunca debemos autoengañarnos o evitarlos. Debemos aprender a hacer despedidas, como debemos aprender a da “bienvenidas” a todo lo positivo que nos ofrece la vida.  

Quien vive un duelo atascado

Es como si estuviera encerrado en un cementerio y no encontrara nunca la puerta de salida.

 

SENTIMIENTO DE CULPA

 

El sentimiento de culpa es uno de lo más destructivos que existen porque conlleva un ciclo completo de emociones negativas que van desde la vergüenza, el miedo, la ira a la tristeza. Todos podemos cometer errores y hay que aceptarlo, como también debemos valorar en su justa medida nuestros logros. La culpa nos paraliza, nos hace mucho más vulnerables y es un arma que utilizan hasta la saciedad los manipuladores.

Nadie ni nada nos exige que seamos perfectos.  Ante el sentimiento de culpa solo tenemos dos opciones:  Una de ellas es perdonarnos y la otra es intentar reparar en la medida de lo posible el daño causado.

Quien vive en un sentimiento de culpa

Es como un inocente que al que le están celebrando un juicio y sin darse cuenta el solo se declara culpable una y otra vez.

 

NO VIVIR EN EL PRESENTE

 

Quien no vive con plenitud en el presente suele ser porque, o, está estancando en el pasado o anticipa con ansiedad un futuro tormentoso, aunque no sepa  a ciencia cierta si puede llegar.  Ambas opciones nos estancan en el sufrimiento.  Vivir anclados al pasado es no vivir, y nos conduce a idealizar demasiado lo que probablemente nunca existió. La memoria humana puede convertirse en nuestra enemiga,  porque nos acaba engañando.

Vivir en el futuro es anticipar todos los posibles peligros, riesgos y miedos latentes. La preocupación excesiva se convierte en un martirio  continuado. Lo peor es que,  sin darnos cuenta, estamos programando a nuestra mente para que nuestras expectativas más pesimistas sucedan. A este hecho se le denomina la “autoprofecia cumplida”.

Quien no vive en el presente

Es como quien quiere consultar  la hora en un reloj que no tiene manillas.

 

NO APRENDER DE LOS ERRORES

 

La vida es aprendizaje continuado. Todas las experiencias que vivimos, por muy negativas que nos parezcan, nos están aportando algo muy valioso. Nos aportan recursos que son muy útiles para saber defendernos ante los problemas, pérdidas e injusticias. Las personas que ante un fracaso solo perciben “fracaso,”en vez de una oportunidad para aprender, tienden a seguir fracasando una y otra vez y en distintas áreas de sus vidas.

La sensación de un fracaso inevitable es una carcoma para la autoestima. No creer en nosotros mismos y en nuestras posibilidades, nos convierte en indefensos débiles y vulnerables. La vida es una escuela con pupitres de madera y tinteros. Si suspendemos cualquiera de sus asignaturas, no tenemos la oportunidad de presentarnos en septiembre. Nos obliga a repetir el mismo curso una y otra vez.

Normalmente las personas que no aprenden de la vida es porque creen que ya lo saben todo y que están de vuelta. También no aprende quien evita los problemas, los niega o los rechaza.

Quien no aprende de los errores:

 

 Es como un conductor que por no mirar y atender las señales de la carretera, acaba en una vía en dirección contraria, sufriendo todo tipo de accidentes y golpes.

 

NO ACEPTAR EL PASO DEL TIEMPO

 

Lamentablemente vivimos en una sociedad que nos vende la engañosa imagen de una juventud eterna. Se asocia el triunfo a la belleza y a la juventud. Solo hace falta visualizar las imágenes de los anuncios, y, la publicidad en general, para darnos cuenta de que tratan de inculcarnos esta creencia con el único objetivo de que consumamos.

Cuántas personas viven esclavas de la cirugía estética. Creen de forma ilusa que sometiéndose a una operación, que por otra parte conlleva muchos riesgos para su salud, le van a devolver la juventud perdida. Pude suceder que la operación sea de su agrado o que nunca vean cumplidas sus expectativas. Aún en el caso más favorable, al pasar unos meses, se dan cuenta que siguen siendo los mismos, con los mismos cansancios y con las mismas insatisfacciones.  Lo externo por sí solo, no modifica nada de lo interno.

Esta dinámica por recuperar la juventud perdida puede resultar paradójica si atendemos a los datos demográficos que indican que cada vez la población va estar más envejecida.

Cumplir años es acumular experiencia y sabiduría. El tiempo puede ser nuestro mejor aliado o nuestro enemigo más implacable si no sabemos envejecer con dignidad.

Quien no acepta el paso del tiempo:

 

Es como un anciano, que por negar su edad, sale vestido a la calle con bermudas, tirantes y un tirachinas. Por mucho que lo deseara, ya no tiene fuerzas para correr.

 

Principales pasos que debemos abordar ante  cualquier tipo de sufrimiento.

 

1)      Tomar conciencia

Tener presente que sufrimos cualquier tipo de malestar es el primer paso para empezar a mejorar. Otro aspecto importante es que estemos convencidos de que realmente queremos cambiar. “Cambiar”, “mejorar” o “regenerarnos” va a conllevar un trabajo personal que nadie puede realizar por nosotros. Seguramente costoso, pero a medio y largo plazo muy rentable.

Cualquier tipo de malestar nos está indicando que existe un desajusto o un desequilibrio en  nuestras vidas que debemos atender y corregir.

Las principales razones de estos desequilibrios suelen ser:

-          Desequilibrios entre la percepción de la realidad y nuestros deseos.

-          Desequilibrios afectivos. Percibimos un saldo negativo entre lo que entregamos a los demás y lo que valoramos que recibimos.

-          Desequilibrios en nuestra salud.

-          Desequilibrios entre nuestras emociones, pensamientos y las conductas que ejecutamos.

-          Desequilibrios entre los esfuerzos que realizamos y los resultados que obtenemos. Expectativas no cumplidas.

-          Desequilibrios entre las metas u objetivos que nos planteamos y nuestras posibilidades (habilidades, aptitudes, recursos).

-          Desequilibrios espirituales, vacios existencialistas, pérdida del un sentido de la vida.

Hablar, escribir, y en definitiva, ponerle palabras a nuestro malestar nos ayuda a tomar conciencia y es un buen principio para la sanación.

“Es mejor hablar del dolor,  aunque no encuentres una explicación, que el vació que se expresa cuando ya no se siente nada.”

 

II) Análisis de la situación

En algunas  ocasiones realizar un análisis exhaustivo de la situación que nos produce malestar puede ayudarnos de forma significativa a encontrar la solución. Para alcanzar este propósito, es muy efectivo realizarse las siguientes preguntas:

1)      ¿Desde cuándo me siento mal?

2)      ¿El mal estar es continuado o solo se produce en ocasiones puntuales?

3)      ¿En qué momentos del día o situaciones no me encuentro mal? ¿Qué estoy haciendo?

4)      ¿Cuál pude ser la causa hipotética de nuestro malestar? ¿Existen varias causas que han podido influir?

5)      ¿Que pienso, siento y hago cuando sufro estas crisis?

6)      ¿He intentado aplicar alguna solución? ¿ Ha sido efectiva? ¿ Por qué?

7)      ¿Mi malestar está perjudicando a otras personas?

8)      Si pudiera evaluarlo en una escala del 1-10,¿ En qué grado situaría mi nivel de malestar?

9)      ¿He sufrido crisis parecidas en otras entapas de mi vida? ¿ Cómo las solventé?

10)  ¿Cómo mejoraría mi vida si no sufriese esta crisis?

11)  ¿Qué estoy dispuesto a hacer para salir de ella?

 

Preguntarnos si está en nuestras manos la solución o en la de los demás,  pude ser muy clarificador. Si las solución está en nuestras manos, puede ser un estimulo importante para que nos movilicemos y empecemos a actuar. Introducir pequeños cambios en nuestras conductas, pensamientos, hábitos  o apreciaciones, puede llevarnos a grandes avances. Poco poco podremos ir confirmando si la solución que hemos encontrado es realmente efectiva.

En cambio, si no tenemos el control sobre el problema que vivimos, debido a que vivimos circunstancias imponderables o los responsables son los demás, trabajar la “aceptación” nos puede liberar del malestar que sentimos.

Para realizar un análisis lo más objetivo de la situación, lo mejor es que estás preguntas nos las planteemos con cierta distancia emocional de nuestra crisis. Como si nos saliéramos  de nosotros mismos y fuéramos otra persona. Cuando estamos inundados emocionalmente, nuestro cerebro racional pude quedar secuestrado.

 

Por último, existen ocasiones en las que las situaciones conflictivas, problemas o malestar emocional se prolonga en el tiempo, debido a que obtenemos “beneficios secundarios” de los que nos somos conscientes.  Por ejemplo, una persona se siente débil durante bastante tiempo (sin que se le llegue a diagnosticar claramente una enfermedad), y no sospecha que necesita llamar la atención de sus amigos y seres queridos, ya que le demuestran más atención o nivel de preocupación. De alguna manera, se siente más protagonista, e intenta suplir sus carencias de afecto.

 

Los beneficios secundarios generalmente están asociados a miedos inconscientes, como puedan ser:

-          Miedo a no sentirnos queridos.

-          Miedo a ser abandonados.

-          Miedo a enfrentarnos a nosotros mismos

-          Miedo al fracaso

-          Y, aunque parezca paradójico, algunas personas sienten miedo a ser felices.

En estas ocasiones, es conveniente, separarnos emocionalmente de la situación que nos ha producido la situación de crisis. Para intentar hallar respuestas a las siguientes preguntas:

-          ¿Cómo me siento a nivel afectivo? ¿Qué carencias tengo?

-          ¿Estamos rodeados de la gente que realmente queremos? ¿Somos correspondidos?

-          ¿ Esta mi vida equilibrada en todas sus aéreas?

-          ¿Qué fortalezas creo que tengo y que me han ayudado en otras ocasiones?

-          ¿Qué he aprendido de fracasos anteriores?

-          ¿ Cómo desearía que realmente fuese mi vida?

-          ¿Tiene realmente mi vida sentido? ¿Cómo puedo buscárselo?

 

III) Pedir ayuda

 

Cuando el malestar se prolonga en el tiempo o nos sentimos incapaces de afrontar la situación que nos ha desbordado, es sanador saber pedir ayuda.

Algunas personas no se atreven a pedir ayuda a sus familiares, amigos o compañeros porque piensan que les puede situar en una situación de debilidad. Esta interpretación es totalmente errónea. Nunca es débil quien reconoce sus carencias y quiere mejorar.

Los demás nos pueden ofrecer otra perspectiva de la situación que estamos viviendo, generalmente mucho más objetiva. Por otra parte, sentirnos “apoyados” puede ser un estimulo importante para luchemos por mejorar. Como señalaba en una de mis reflexiones: “Si madrugamos mucho, seremos los primeros en llegar al camino para alcanzar la meta, pero si vamos bien acompañados, el éxito lo tendremos mucho más garantizado.”

Asimismo, recomiendo asistir a un terapeuta o profesional de la psiquiatría o psicología de la salud.

Cuando se establece una adecuada alianza terapéutica entre el paciente y el profesional de salud mental, y existe empatía, se incrementa la eficacia de cualquier tratamiento. Confiar y seguir las pautas o directrices de nuestro terapeuta es imprescindible para que podamos ir viendo resultados progresivamente.

No obstante, aunque vayamos a cualquier tipo de terapia, tenemos que tener presente:

-          Cualquier terapia requiere un esfuerzo personal, pero, sin duda, merece la pena.

-          Es imprescindible que nos comprometamos con la terapia.

-          No existen dos pacientes iguales, como no existen los mismos casos o diagnósticos. Cada uno de nosotros requerimos técnicas específicas y un tiempo determinado.

-          Existirán momentos en que parezca que avanzamos muy deprisa y otros en los que parece que nada progresa o que retrocedemos. Tener estas percepciones es normal y forman parte del proceso terapéutico.  

 

 En otro artículo podréis encontrar claves para elegir un buen psicólogo.

“Asistir” al psicólogo a un profesional de la salud no significa estar locos. Por todo lo contrario, las personas que tienen muy arraigados desordenes de su personalidad son los primeros que piensan que ellos no necesitan ningún tipo de ayuda. No cabe duda, que en algunos casos tienen una visión falsa o muy deformada de la realidad y de si mismos, y porque desconfían de los demás se creen autosuficientes.

Como ya he señalado, ser consciente de que sentimos malestar, querer mejorar y pedir ayuda es un 50% garantizado en la eficacia de cualquier terapia.

 

IV) Trabajar nuestra autoestima

 

Mantener una sana autoestima es similar a tener un sistema inmunitario fortalecido que nos defiende ante la amenaza de enfermedades.

La autoestima significa, entre otros aspectos:

-          Qué creemos en nosotros mismos

-          Que confiamos en nuestras posibilidades

-          Nos va ayudar a no desanimarnos y ser perseverantes en la consecución de nuestros logros.

-          Nos ayudará a tomar las mejores decisiones

-          Evitaremos hacernos daño a nosotros mismos y situaciones que pueden ser una amenaza para nosotros mismos.

-          Nos aceptaremos y perdonaremos nuestros errores, evitando por tanto la sensación de fracaso permanente o paralización.

 

Tener autoafirmaciones durante el proceso como: Lo vas a conseguir. Puedes mejorar. No me voy a desanimar. Lo volveré a intentar. Me merezco algo mejor.. son sin duda una herramienta muy eficaz.

Antes que en nadie, debemos aprender a confiar en nosotros mismos y en nuestras posibilidades.

Todos vamos a padecer sufrimientos en nuestra vida. Las personas con adecuado desarrollo de su inteligencia emocional saldrán fortalecidas y aprenderán de la experiencia.

En mi modesta opinión, “El sufrimiento nunca es inútil”, “Inútil solo es el tiempo que tardamos en aprender de él.”