“LA DICTADURA DEL EGO”

17 de December del 2018

"LA DICTADURA DEL EGO”
 
 
Autor: Manuel Casquero Durán
Ser y sentir
Reservados los derechos
 
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El ego, el narcisismo o el egocentrismo nunca han sido buenos aliados. Son metafóricamente como la máscara que adopta nuestra personalidad para que nos podemos convertir en la mejor imagen que espera la sociedad de nosotros. El ego nos lleva a ser quien creemos que los demás esperan que seamos, pero nos impide liberarnos y ser realmente quienes somos.
 
Por este motivo, el ego se sacia de éxito, reconocimiento y ambición. Nos conduce hasta un estado en el que vivimos solo centrados en nosotros mismos y en nuestros intereses. Por mucho que ambicionemos, para el ego nada es suficiente. Su dictadura nos  arrastra a creernos superiores a los demás. De hecho, muchos  narcisistas, para constatar y verificar su supuesta superioridad, se atreven a humillar y despreciar a los demás de forma abominable. .
Pero debajo de la máscara del ego, solo se esconden el miedo a no estar a la altura y la continua insatisfacción con uno mismo.
Cuando el ego te somete te convierte en su marioneta y te arrastra a los siguientes desajustes:
 
Querer tener siempre la razón y sentirte ofendido por las críticas de los demás.
 
Aliarte solo con aquellos que te elogian, si ser consciente de que te pueden manipular.
 
Ambicionar ser quien no eres, con la insatisfacción que ello produce, tan solo por sentirte superior.
 
Vivir enfrentado/a a los demás porque incrementa el nivel de desconfianza.
 
Despreciar y minusvalorar a los que consideras que no están a tu altura y sentir una envidia perniciosa por los que están en un nivel superior al tuyo.
 
Necesitar el reconocimiento o la fama como una adición.
 
Situar la valoración personal en el mismo nivel que el éxito que llegas a alcanzar. Por muy segura, distante o autoritaria que intente aparentar ser una persona narcisista, solo se trata de un mecanismo de defensa para ocultar la gran insatisfacción que sienten con ellas mismas.
  
Identificarnos solo con nuestras virtudes más destacables e ignorar los aspectos que deberíamos mejorar, desequilibrando, por tanto, nuestra personalidad.
 
 
¿Pero cómo se alimenta el ego o se construye el narcisismo?
 
Existen personas que tienen este rasgo más dominante en la estructura de su personalidad o en el temperamento. Pero otras, caen en esta trampa por aprendizaje, debido principalmente a los siguientes motivos:
 
De niños fueron continuamente elogiados. Aprendieron que para obtener un refuerzo positivo o reconocimiento debían destacar sobre los demás.
 
El principal valor que les inculcaron fue la competitividad.
 
Asimismo, les enseñaron y creyeron muchas creencias irracionales, como “tanto tienes, tanto vales”. “El mundo se diferencia en dos: Los ganadores y los perdedores”.”A los perdedores todo el mundo les acaba pisando”.
 
En resumen, posiblemente alcanzaron demasiado reconocimiento, pero a la vez poco afecto sólido. Por ello, intentar suplir sus carencias afectivas con más éxito y más fama. 
 
 
También puede ser habitual que personas humildes y luchadoras, con grandes virtudes, cuando se encuentran sin esperarlo con el éxito o la fama, caen sin darse cuenta en el abismo del ego. Normalmente acaban avergonzándose de sus orígenes, renunciando a los amigos que tenían y empiezan a sentir placer por tener, más que por ser.
 
Todos tenemos en mente personas deslumbradas por el éxito o la fama. Pero lo peor se produce cuando tienen que bajar la cuesta (porque el éxito y la fama suelen ser provisionales). Ya no reciben elogios, pierden sus pertenencias y a los falsos amigos. La mayoría de estas personas no saben superar el fracaso, y, en el peor de los casos, caen en depresión, adiciones o incluso en el suicidio. Es la caída de los Dioses.
 
Que exista el ego o narcisismo e intente seducirnos, no está reñido con que intentemos mejorar día a día, tengamos un proyecto vital o persigamos un sueño. Todo ello es un gran estímulo para vivir.
 
 
¿Donde se puede producir el punto de inflexión en el que ya no tratemos  de mejorar nuestra autoestima y pasemos a convertirnos en narcisistas?
 
Puede ser muy sencillo. Cuando empiezas a creerte que eres el mejor en alguna competencia, habilidad o conocimiento, en ese mismo momento, dejas de serlo, porque lo has convertido en el escudo de tu ego.
 
Alguien que desarrolla adecuadamente su autoestima, no tiene necesidad de compararse con los demás. Por el contrario, se compara consigo mismo para valorar objetivamente sus progresos. La satisfacción la encuentra en su propia evolución, no en el reconocimiento externo. 
 
"Nunca llegamos a ser los mejores en nada, pero si podemos superarnos, optimizar nuestro potencial y ser eficaces".
 
Y es que nunca dejamos de aprender. Y para aprender lo primero que hay que tener es la humildad de reconocer que somos ignorantes. Podemos aprender de las competencias de  un alto ejecutivo y a la vez de la forma de entender la vida de un humilde campesino. 
 
“Todos y todo nos enseña en esta vida”.
 
Por todo lo que os he descrito en este artículo, cuando alguien me pregunta quién soy, siempre respondo: Un aprendiz en el difícil arte de vivir.
 
Autor:  Manuel Casquero Durán 
Ser y sentir
Reservados los derechos.