La vida que deseas

17 de December del 2018

 

“La vida que deseas”

Autor:  Manuel  Casquero Durán

Ser y Sentir.

Reservados los derechos

 

¿Te has preguntado alguna vez si vives la vida que deseas?... o, mejor dicho,  ¿deseas vivir realmente la vida que llevas?. Es posible que nunca hayas alcanzado la vida que realmente deseas porque nunca le has dedicado el tiempo necesario para imaginarla.  Quizás, la vida que deseas no está tan lejos de ti, ni resulte tan utópica. Quizás, todas las dificultades, obstáculos y temores, que te vienen a la cabeza cuando te la imaginas, serían vencidos si te atrevieras a dar el primer paso para aproximarte a ella.

Posiblemente no sea necesario disponer del mejor coche, unos honorarios cuantiosos o un vehículo de última gama para que seas feliz, sino  que vivas en coherencia con lo que realmente eres, sientes y deseas. No busques en el exterior desesperadamente lo que primero no sientas dentro de ti, porque posiblemente nunca lo encontrarás.  Nadie te va a llevar a tu casa oportunidades, suerte, opciones para elegir, tienes que salir a buscarlas. Tu felicidad y el sentido de tu vida lo tienes que trabajar y construir a diario. Posiblemente con pequeños intentos, con éxitos y fracasos, aprendiendo y desaprendiendo, pero profundizando cada día más en el conocimiento de ti mismo.

Todo lo que llega del exterior o nos regalan, si no lo hemos trabajado, cansa o no lo sabemos valorar. Por ejemplo, si mañana te tocara una gran cantidad de dinero en la lotería, al principio te sentirías eufórico/a, alegre desbordado/a. Pero pasado un tiempo, te acostumbrarías a nuevo estilo o forma de vida.   No te haría la misma ilusión consumir, adquirir, viajar.. porque te empezarías a cansar de todo ello. Poco a poco el estimulo que te produjo la riqueza inesperada iría disminuyendo.  Descubrirías que tus vacios existenciales no los satisface el dinero, la fama o estar rodeado de gente a la que solo le interesa compartir tus pertenencias. Te mirarías en el espejo y posiblemente ya no te reconocerías.

Steve Jobs, creador de Apple, así lo reconocía en la antesala de su muerte. “De nada sirve el dinero, el poder y las pertenencias cuando te enfrentas a la muerte, lo único que te llevas son los momentos intensos vividos fruto del amor y de la amistad”.

 

Creo  mucho más en las pequeñas felicidades, porque suelen ser mucho más reales y están al alcance de nuestra mano. “Pequeñas felicidades” son logros personales, metas alcanzadas, sueños y deseos compartidos. Están ahí, tan solo tenemos que tener la voluntad de buscarlas, mantenerlas y valorarlas.

 

Cuando alcanzamos y disfrutamos de una de estas pequeñas felicidades, y somos conscientes del esfuerzo, el afán de superación o el sacrificio que nos costado conseguirlas, empezamos a valorarnos y querernos más a nosotros mismos. Sentimos correspondencia y agradecimiento con la propia vida.     Este estado de plenitud se puede incrementar exponencialmente si somos generosos y lo compartimos con los demás. No cabe duda de que “Solo se puede compartir y ser generosos desde la abundancia interior o espiritual”.

 

Existen dos pilares básicos que sustentan cualquier vida, ya seamos pobres o ricos: “La salud”y “El amor”.  Y, para reforzar  estos dos pilares, todo ser humano debería  aprender antes a conocerse, quererse y saber para qué, por qué y para quienes vivimos. 

Las pequeñas felicidades o conquistas nos acercan mucho más al bienestar personal, el desarrollo personal y espiritual. En definitiva, a vivir la vida que deseas.

 

 A continuación voy exponer unas pautas sencillas que te ayudarán a discernir mejor cómo tomar conciencia y acercarte a la vida que deseas:

 

1) Pregúntate cuáles son tus verdaderos valores en la vida.  Los valores estructuran tus creencias sobre la realidad que te rodea y tu forma de entender la vida. Representan el por qué y el para que vives (Por ejemplo, la generosidad, el amor, la justicia, la superación, la honradez..). Puedes empezar confeccionando una lista de los 20 más esenciales.  Después  analiza si hay alguno que puede integrar a otros y pregúntate si podrías realmente vivir sin ese valor.  La estrategia  sería que te quedes con los cinco más esenciales.

 

2) En relación con esos valores, permítete imaginar quién te gustaría ser dentro de dos años. No pongas cortapisas a acercarte a tus sueños, solo siente el grado en el que estas metas despiertan en ti ilusión. Después deja que tu yo del futuro regrese hasta tu presente paar aconsejarte sobre cuáles son los mejores pasos a estrategias que debes seguir para acercarte a él. Recuerda las sabias palabras de  Paulo Coello cuando afirmaba “La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante.”

 

3) También puedes imaginarte cómo habría sido tu vida si hubieses tomado otras decisiones o si hubieses cumplido algún sueño pendiente. ¿Qué sentirías?, ¿Cómo te gustaría verte?, ¿Qué te dirías a ti mismo?

 

4) Medita sobre el grado en el que tienes cubierta o estás satisfecho/a con las principales áreas de tu vida: Familia, salud, trabajo, amor, ocio, amigos, formación,  dinero, inquietudes espirituales, satisfacción contigo mismo/a. Puedes calificar tu grado de satisfacción del 1-100%. Las facetas de tu vida que no lleguen al 70% serían significativas  porque son necesidades no cubiertas, y, en este sentido, podrían convertirse en metas u objetivos a alcanzar.

 

5) Si por fin te has creado una visión un poco más clara de tus necesidades y de en quién te gustaría convertirte,  piensa después como encajarían esas ideas con tu realidad actual. Hazte las siguientes preguntas: ¿En qué grado es factible tu sueño?, ¿qué cambios tendrías que hacer?, ¿te compensaría el esfuerzo de realizarlos?, ¿qué implicaciones tendría en la vida de los que te rodean?  Es decir, ¿es realmente ecológico para tu vida lo que te vas a plantear?

 

6) Haz balance de los recursos de los que dispones para hacer factible tu sueño. Los recursos no son solo materiales. Tan importante como éstos son tus capacidades, aptitudes y competencias. Tal vez, a primera vista,  creas que tienes más carencias de las que realmente son. Te puede ayudar significativamente que pienses en los logros grandes o pequeños que has tenido en tu vida y que los asocies a aprendizajes que aún te pueden servir. Ninguna experiencia ya sea positiva o negativa pasa sin dejar una huella en nuestra existencia.

 

7) No intentes comerte un elefante “todo a la vez”,  intenta ir por partes. Es decir, es necesario que te definas metas factibles a corto plazo.  Una buena definición de una meta tiene que abarcar con exactitud cuál es resultado esperado, en cuanto tiempo lo puedes conseguir, que medios o acciones tienes que abarcar, cómo medir los resultados y qué hacer si surgen pequeñas desviaciones o inconvenientes. Convierte tu meta es un esquema de pequeños objetivos programados en el tiempo. Recuerda que estos objetivos deberán ser realistas, pero también desafiantes. 

 

8) Si en tu intento de alcanzar tu sueño, te tropiezas con un muro que a primera vista parece infranqueable, nunca te desanimes y te apartes de tu verdadero camino. Tal vez sea el momento de rectificar la definición de tu meta, pero no de renunciar a ella. Quizás, solo necesites un poco más de paciencia, apoyo y de tiempo. Recuerda que el camino hacia la vida que deseas no tiene porque ser recto o lineal. Es posible que, una vez que estés progresando en tu estrategia de desarrollo, más claro tendrás el destino que quieres alcanzar.

 

9) Puede ser muy útil que tengas la referencia de personas a las que admires  que hayan alcanzado una meta parecida a la tuya. Estudia sus biografías, sus creencias, sus aprendizajes y actividades emprendidas. Pregúntate, ¿qué visión tenían de su sueño? ¿cómo respondían ante los pequeños fracasos?, ¿en qué cambió su vida al avanzar?, ¿cuál fue el aprendizaje más relevante que obtuvieron de su experiencia? . Asimismo, también es importante que tengas una red social amplia y amigos con los que compartir tus ilusiones, que entiendan tus sueños y crean en ti, para apoyarte.

 

10) Refuérzate continuamente. Maten  ambición moderada. No pretendas ser el mejor, si no el que más aprende con su proceso de evolución. Aprecia suficientemente y valora cada uno de tus logros, por pequeños que te parezcan y sé condescendiente con tus desaciertos. Plantéate que los fracasos no son más que oportunidades para seguir aprendiendo.

 

11) Cuando llegues a alcanzar tus metas, tus pequeñas y grandes felicidades, algunos de tus sueños, no olvides que siempre deberás estar agradecido a la vida... Y, qué manera mejor de demostrar tu agradecimiento que ayudando a otras personas a cumplir sus sueños.

 

Puede que en un principio te cueste asimilar todos y cada uno de los pasos que he descrito anteriormente. Pero para “comprender” no existe mejor forma que “actuar”. A modo de ejemplo, te propongo que efectúes  pequeños cambios en tu vida y que valores el impacto positivo que pueden tener en ti.

 

Cada mañana lo primero que hagas sea agradecer que estés vivo.  Esta toma de conciencia te llenará de energía. Después plantéate que no va a ser un día más, sino una oportunidad para descubrir algo nuevo, conocer gente interesante o aprender. 

 

Intenta realizar  pequeños cambios en las cosas que realizas  siempre de forma rutinaria. Por ejemplo, cambia el trayecto que realizas hasta el trabajo, prueba una nueva receta de cocina, oblígate a salir a dar un paseo...Introduce pequeñas mejoras en tus actividades laborales o propónselas a tus compañeros y responsables.

 

Intenta sonreírle mucho más a la gente. A tus familiares, amigos, vecinos o desconocidos. Señálales aspectos que crees que son positivos de ellos. Agradéceles lo que te aportan.

 

Comunícate con amigos o seres queridos con los que hace mucho tiempo que no tienes contacto. Recuperar amistades o lazos afectivos es como recuperar en parte el tiempo perdido.

 

Date más tiempo para disfrutar con las cosas que te apasionan (la música, el cine, los deportes, los libros...). Reserva, al menos, una hora al día para dedicártela a ti mismo.

 

Vístete de forma diferente. Piensa que cambiando de ropa o de imagen te vas a regenerar y te puede ayudar a convertirte en quien  verdaderamente quieres ser.

 

Sorprende con un regalo inesperado a tu pareja, amigos o familiares. Hazte a ti mismo/a pequeños regalos.

 

Disfruta de tus momentos de soledad. No huyas del encuentro contigo mismo. Es posible que el silencio tus sensaciones y tus emociones más básicas te puedan aportar información constructiva sobre ti mismo. Recuerda que quien aprende y disfruta de su soledad, se hace mucho más fuerte y es capaz de relacionarse mucho mejor con los demás.

 

Cuando acabe el día, antes de dormir, piensa en qué ha sido lo más positivo de la experiencia que has tenido, y, date a ti mismo las gracias por haberlo alcanzado.

 

No tienes porque aplicar todos estos cambios. Tu mismo/a debes elegir los que son mejores para ti...¡Pero cambia!!

 

Cuando pase un tiempo prudencial, habrás desarrollado tu creatividad, la confianza en ti mismo, seguridad, sociabilidad...y te interesarás por cambios más profundos, porque estarás mucho más motivado/a y convencido/a de que los puedes lograr.

 

“Vivir en la conformidad es estar al alcance de que te pueda aplastar cualquier circunstancia adversa”. Dirígete por el camino que trace tu corazón, arriesga, lucha  y resiste  No te importe que nadie te entienda.  No hay peor ignorante que quien desconoce lo que siente y desea.

 

Vivir la vida que deseas no es un lujo, una utopía o una promesa incierta, Es un derecho que tienes por haber nacido, un camino que tienes que construir, una suma de pequeñas felicidades que debes explorar y compartir con los demás.

 

Si vives en coherencia con quien eres, tus valores, tus creencias y aprendizajes, el universo conspirara para que consigas tus sueños, como afirmaba Paolo Coello.

 

Cuando hayas alcanzado la vida que deseas, harás un importante hallazgo: “La vida que deseas no es otra que la que te permita ser tu mismo, dar los mejor de ti y compartir”.

 

“Que la resistencia sea tu fuerza” y “Que tu fuerza te ayude a alcanzar la vida que deseas”.

 

Autor:  Manuel  Casquero Durán

Ser y sentir

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