Las semillas del alma: La envidia y la generosidad.

13 de November del 2017

El origen de gran parte de los fracasos y éxitos que cosechamos a lo largo de nuestra vida depende de las semillas que esparcimos con nuestro alma. Estas simientes emocionales son sentimientos tan primarios, pero a la vez esenciales y determinantes, como son  “la envidia” y “la generosidad”.

La envida es uno de los sentimientos más destructivos que existe y a todos nos tienta, sin que muchas veces seamos conscientes de ello. Es una especie de adicción o desolación ciega, que nunca está  justificada,  por la cual no soportamos o nos relevamos ante  éxitos o el reconocimiento que obtienen los demás. Lo que subyace por debajo de la envidia no es otra cosa que  baja autoestima, pobreza de espíritu  y la insatisfacción con la vida de uno mismo.

La envidia es una espiral  perversa y destructiva  que solo busca desesperadamente  la anulación del otro.  Y, como tal espiral, atrae todas las emociones negativas posibles, como son la tristeza, la ira, el rencor, el temor y sentimientos de venganza. Por ello, la envidia destruye cualquier intención positiva, pero sobre todo, nos destruye y nos aleja de los demás.

El envidioso preferiría que nadie se alimentara y todos murieran de inhalación, si alguien tuviera la posibilidad de ingerir más alimentos que él.  Por ello, podríamos considerar a la envida como “ la máxima expresión de la estupidez humana”.

No siempre es fácil reconocer al envidioso ya que suelen ir disfrazados, para no llegar a ser reconocidos. Pero existen algunos indicios que  pueden ser señales significativas de manifestaciones de envidia. A continuación se destacan algunos ejemplos:

·         Las personas envidiosas son negativas, viven amargadas y no son capaces de disfrutar con lo que son o con lo que tienen.

·         Se alegran con los fracasos de los demás, para ellos nadie procede decuadamente.

·         Suelen disfrutar con las críticas negativas, como si se creyeran los portavoces de la justicia,  y son incapaces de hacer una crítica constructiva. 

·         Utilizan la ironía, no de una forma inteligente, sino  por el contrario, “hiriente”.

·         Intentan ser manipuladores. Por ejemplo, cuando hacen afirmaciones  negativas, las preceden diciendo:”es que lo hago por tu bien”, o “ya sabes que soy muy sincero”.  Asimismo, buscarán las alianzas necesarias con otros envidiosos para alcanzar su objetivo.

·         Demuestran una “seguridad” sorprendente y exagerada para avalar sus comentarios despectivos e intentar convencer sin argumentos.

No cabe duda,  de que los envidiosos son “amistades peligrosas” de las que es mejor huir.

Hay quien justifica cierto tipo de envidia considerada como sana. Personalmente, creo que no existe la envidia sana. Una cosa es admirar a alguien por sus logros y querer aprender de su experiencia, y, otra muy distinta es envidiarlo.  La admiración es constructiva y nos moviliza. La envidia es destructiva y nos paraliza.

La generosidad, en cambio, nutre todas las carencias del alma. Porque la generosidad es fértil y prende en todas las conciencias como el pasto entre las llamas. Este sentimiento se alía y atrae todas las emociones positivas, por ejemplo;  el  amor, la amistad, la curiosidad por el mundo que nos rodea y por los demás, el bienestar y la sensación de paz y plenitud.

Quien recompensa se recompensa,  quien entrega, se entrega. “La generosidad es la máxima expresión de la inteligencia humana”.

La generosidad siempre nos pondrá en el mejor estadio de valoración, aumentado nuestra autoestima. Es una hermosa forma de crecimiento espiritual a través de la entrega a los demás.

La generosidad más auténtica es la que se entrega sin esperar nada a cambio. Las personas realmente generosas no esperan a ser correspondidas porque sienten  la convicción de que la vida les recompensará con creces.

La generosidad siempre nace desde  un alma rica espiritualmente. Solo desde la abundancia de los buenos sentimientos se puede llegar a compartir. Asimismo, deberíamos aprender a ser más generosos con nosotros mismos. Lo que significa saber perdonarnos, valorarnos y querernos.

Para encontrar y recoger lo mejor de ti, no hay nada mejor que sembrar día a día semillas de generosidad en los demás.

Por último, es conveniente recordar  que si queremos que nuestras semillas de generosidad sean más fecundas, lo vamos a conseguir en la medida en que la persona a la que nos entregamos  sea consciente del valor que tiene lo que le vamos a entregar.

En determinadas ocasiones, es más inteligente emocionalmente esperar que nos soliciten nuestra ayuda, antes que ofrecerla a quien no la va a saber valorar. No se deja de ser generoso/a, por todo lo contrario, “valoramos lo que vamos a ofrecer y vamos a evitar que se desprecie, ignore o que sembremos sobre piedras. 

No te irás de este mundo sin haber dejado en el camino tus pisadas. Recuerda que solo recogerás en esta vida lo que hayas sembrado con las semillas de tu alma.

“Solo una persona generosa sabe amar”. 

 

Autor. Manuel Casquero Durán

Ser y sentir

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