“Luces y sombras de nuestra identidad”

20 de November del 2017

Como señalaba Galileo Galilei, la mayor sabiduría que existe es llegar a conocerse a uno mismo. ¿Te has preguntado alguna vez quien eres? ¿Crees que te conoces bien a ti mismo?... Si en tus posibles respuestas tus afirmaciones parecen  tener bastante seguridad, si nada te hace dudar... tal vez seas, sin saberlo, víctima de tu propio autoengaño.

 

La vida es un aprendizaje continuo que nos lleva con sus curvas, tropezones,  bajadas y descensos a retarnos a nosotros mismos y a iluminar partes de nosotros que ni siquiera sabíamos que existían.

 

Sintetizando mucho alguna de las teorías sobre la génesis de nuestra identidad, por ejemplo las de Jung, podemos afirmar que nuestra identidad tiene dos perspectivas principales. Una parte más iluminada que está construía a través de nuestra autoestima, autoconcepto y autoconfianza. Se podría decir que son las cualidades y potencialidades que  hemos constatado de nosotros mismos con nuestros logros o nos han reafirmado los demás desde que nacimos. En esta parte iluminada nos sentimos seguros. Es la imagen idealizada y perfecta  que siempre desearíamos visionar en el espejo para sentirnos orgullosos de nosotros mismos, pero a la vez, también puede ser producto de lo que nuestro “Ego” nos impone y nos exige para alcanzar el ansiado éxito o reconocimiento. Una deformación en nuestra parte iluminada, nos puede conducir a la insatisfacción, porque nunca llegamos a alcanzar ese nivel óptimo de perfección y nuestro “Ego” nos exige continuamente que nos comparemos con los demás.

Existe otro componente de la identidad complementario al anterior: “Las sombras”. Las sombras son elementos, factores que pueden ser positivos o limitantes que aún no han sido integradas. Fuerzas que están aún por despertarse.

El guión de nuestra vida se construye en la primera infancia por influencia parental. Es la fuerza psicológica que nos impulsa hacia la formación de nuestra identidad. Son esos hábitos o patrones de conductas y pensamientos que se repiten una y otra vez a lo largo de nuestra existencia.  Son nuestras percepciones de la realidad y de nosotros mismos y nuestras atribuciones más comunes. El niño busca incesantemente la adaptación a su entorno. Su acción inmediata puede conducirle al permiso o refuerzo de sus padres (adaptación) o la prohibición, la extinción de reconocimiento o el castigo (Inadaptación).  A partir de este  patrón, que parece sencillo, construimos a lo largo de nuestra experiencia vital la parte iluminada o lo que se nos han reforzado, y a su vez, todo lo que nos prohibieron, nos avergüenza de nosotros mismos o no queremos conocer lo sepultamos  en nuestras sombras.

Es preciso subrayar que no toda nuestra parte iluminada es positiva, ni real, ni nuestras sombras tienen por qué ser negativas. El conocimiento de uno mismo conlleva necesariamente rescatar de nuestras sombras potencialidades y cualidades que no nos hemos atrevido a desarrollar, aceptar nuestras limitaciones y construirnos una parte iluminada que se corresponda con nuestros valores y metas personales, y. no tanto con las exigencias desmesuradas de nuestro “Ego” que nos conduce a que actuemos como verdaderas marionetas.  

Por ejemplo. una identidad forjada solo a través del producto e las  prohibiciones, conlleva a que a lo largo de nuestra vida mantengamos creencias como: “No estés bien¨, “No estés de acuerdo”, “No seas tu”, ”No seas niño” o “No disfrutes”. En cambio, una identidad construida a partir de mensajes positivos refuerza creencias potenciadoras, como pueden ser: “Estas bien”, “Puedes pensar”, “Puedes equivocarte”, “Puedes aprender”,” Mereces ser querido,  ”Puedes confiar en mi”. 

Ignorar o no integrar nuestras sombras no solo puede ser una limitación en el desarrollo de nuestro potencial, también son posibles causas de ansiedades, depresiones, miedos y otros tipos de desequilibrios psicológicos.

Para ayudarte en el reconocimiento de tus sobras, te recomiendo que medites despacio y que te respondas sinceramente ¿Cómo hubiese sido el niño perfecto que mi familia esperaba de mi y por el que podía ser bien acogido? ¿En qué parte de mi ser adulto reconozco  esas cualidades? ¿Cuáles fueron las prohibiciones más rígidas de mi infancia? ¿Qué limites aún no he sido capaz de traspasar?...

Asimismo, piensa sobre cuáles eran las principales virtudes y defectos de  tus padres y hermanos y búscalos en esa parte poco iluminada tuya.

Otra manera de descubrir “sombras” de la identidad  es platearte sobre qué aspectos o defectos más te irritan de los demás o admiras. Es posible que estés haciendo inconscientemente una proyección de tus luces y sombras. Recuerda “que nuestra identidad es un espejo de sombras donde nos descubrimos según percibimos a los demás.”

Asimismo, piensa en todo lo que te genera ansiedad, te da miedo o te infunde temor. Detrás de nuestros miedos más íntimos, puede esconderse deseos reprimidos, no aceptados  o insatisfechos.

También es importante reconocer el nivel de autonomía que mantienes en tu vida y en tus decisiones. Las personas que tienen un gran conocimiento sobre sí mismas, suelen ser mucho más autónomas e independientes, y, aunque tienen alta capacidad para empatizar con los demás, no tienden a depender de apegos innecesarios. Asimismo tienen alta tolerancia a la frustración, perdonan y saben perdonarse a si mismas.  Si eres incapaz de tomar tus decisiones más personales, otros lo harán por ti y dictarán como tienes que vivir. Sin un adecuado conocimiento de ti mismo, “no eres nada”, tan solo una marioneta más en el teatro de la vida.

Igualmente, te propongo la realización de un ejercicio sencillo para obtener mayor nivel de conocimiento sobre tus luces y sombras, a través de la historia de tus fracasos y victorias. Utiliza doble folio, porque se trata de construir dos matrices diferenciadas, una para las victorias y otra para los fracasos.

Incluye las siguientes variables:

Edad, mis conquistas y mis logros, por pequeños que sean (en la matriz de los fracasos errores cometidos o insatisfacciones personales)  ¿qué me motivo o impulso a querer conseguir esta meta u objetivo?, ¿qué se afirmo o consolidó en mi? (en la matriz de los fracasos sustituir por ¿Qué reproches me hice?, ¿ qué he dejado de hacer desde entonces?), ¿a quién afectó  positivamente o negativamente esta experiencia?, ¿qué imagen obtuve de ti mismo después de la experiencia?, ¿ tiene alguna similitud  con otras experiencias de mi vida? ¿ qué sientes al comparar la matriz de tus victorias con la de tus fracasos?.

Otro ejercicio sencillo, pero muy potente es que durante diez  minutos  observes fijamente en un espejo tu mirada. Después describe con detalle lo que has sentido y si has visualizado aspectos  que no conocías de tu identidad. ¿Tu imagen te proyecta la imagen de lo que creer que eres? o ¿Has descubierto dudas o aspectos desconocidos?,

Ten muy en cuenta que nuestra identidad se compone de los aspectos que conocemos de nosotros mismos y nos confirman los demás. De los aspectos que los demás conocen de nuestra identidad y de los que no somos conscientes. Conocimientos  que tienes de ti mismo y que nunca muestras a los demás. Y, por último, conocimientos o potencialidades que aún no has descubierto ni compartido con los demás (Tus sombras).

Como afirmaba  Paolo  Coello : Cuando crezcas descubrirás que ya defendiste mentiras, te engañaste a ti mismo o sufriste por tonterías. Si eres un buen guerrero no te culparás por ello, pero tampoco dejarás que tus errores se repitan. Este aspecto emerge un ante una identidad fuerte y sólida, así como  la fuerza que propicia el conocimiento de nuestras luces y sombras.

Recuerda que un ser humano que realmente se conoce no ambiciona ser quien no es, no tiene necesidad de poseer más, ni de compararse con los demás  y de la nada puede construir su felicidad.

“A Charles Chaplin, porque supo como nadie ironizar sobre las sombras de los seres humanos, a través el mejor mecanismo de defensa: “El sentido del humor”.

“Aprende como si fueses a vivir toda la vida y vive como si fueras a morir mañana”(Charles Chaplin)