13 de November del 2017

Poderoso Rapaz

Para ti, cuyo valor esencial es conseguir poder, no importa cómo ni acosta de quién. Para ti, que prefieres ser admirado, reconocido o alabado antes que amado. Para ti, que envidias a quien destaca más que tu y humillas a quienes consideras inferior. Para ti, que crees que vivir es una competición sin medida y que el mundo no perdona a los débiles.

Para ti, que no tienes verdaderos amigos porque te rodeas solo de gente que te adule  o a la que puedas manipular.

Para ti, que crees que cada vez volarás más alto...

Porque te crees invencible , te dedico esta alegoría.

 

Poderoso Rapaz, te alzas por encima de los demás buscando el más alto pedestal. Crees que no hay presa que te pueda desafiar. Te sientes imbatible  porque tus garras y tus fuerzas solo saben matar. 

 

Tu ego desbordado se ha creído ser un pequeño Dios en la tierra.  Deseas implantar tu propia justicia dictando órdenes e imponiéndote. Tu razón es la sin razón de la ambición y el egoísmo.

 

Hoy presides la cumbre más alta del monte y desde allí piensas que todo lo que no está a tu altura es de tu pertenencia. Eres el huracán, el aguacero y el fuego que arrasa el bosque. Cuando tu vuelas el sol se ensombrece. Ante tu arrogancia se rinden el día y la noche.

 

Nunca tuviste piedad. Nadie te ha visto dudar. No sientes ninguna debilidad...

¡ Oh que orgulloso estarás Poderoso Rapaz! 

 

 

 

 

 

Pero aunque no quieras escuchar y desvalores a esta humilde ser inferior, te he de recordar que no siempre fuiste así.

 

Hubo en ti, un triste pichón, un ser desvalido que se negaba a abandonar la seguridad de su nido. Cuando intentabas volar,  por tu torpeza caías una y otra vez al suelo. Creías que nunca lo conseguirías. Vivías en una continua frustración mientras observabas con envidia como otros rapaces superaban sus adversidades y en cada intento volaban más alto.

 

Sé que no resulta agradable que nos recuerden el pasado, y más a quien por ceguera se ha acostumbrado a negarlo. Quien cree que nunca comete errores, jamás tendrá la oportunidad de poder aprender de ellos.

 

Yo estaba a tu lado, ¿ ya no te acuerdas?...

 

Uní mis esfuerzos a los tuyos para que no te desanimaras. Fueron innumerables las horas que te dediqué para que empezarás a alcanzar logros y superar tus frustraciones. Me hiciste crees que tus triunfos algún día los compartirías conmigo, pero cuando dejé de interesarte me abandonaste.

Yo inventé tu libertad, ¿ya no lo recuerdas?

 

Ahora, como te duele reconocer esa verdad, me he convertido en una presa más, un obstáculo en tu camino y una sombra que desearías destruir.

 

 Me encuentro atrapado en tu siniestra red y sé que nada puedo hacer para defenderme.

 

¿A qué esperas? ¡Devórame!

 

 

 

Pero has de saber que la mayor de las osadías no sirve para ocultar las flaquezas de un alma miserable.

 

Tarde o temprano llegará ese día en que empezarás a sentirte envejecido. No podrás evitar que se debiliten tus plumas, se oxiden tus garras y se curve tu pico.

 

¡ Pobre rapaz!  Los que creías que te alagaban o te admiraban, serán los primeros en desacreditarte. Poco a poco dejarás de recibir reconocimiento y tus cumbres serán cada vez menos elevadas. Sin tu fuerza y destreza para huir,  te convertirás en una presa más.

 

Pero lo peor de todo es que descubrirás, que tienes las garras manchadas de la sangre del honor de los humildes y que no puede existir justicia para quien nunca tuvo escrúpulos. 

 

Otro rapaz más joven tu se aprovechará de tu vanidad y te dejará herido.

 

Nadie sentirá piedad de ti... Nadie querrá verte llorar. ¡ Qué triste y solo acabarás poderoso rapaz!. No puede existir un sufrimiento mayor que quien ha sido víctima de si mismo.

 

Es imposible romper con el ayer, y más, cuando no hemos sabido aprender de él. Nada llega a ser quien se olvida de lo que ha sido.

 

Detrás de tu prepotencia, por encima de tus hazañas y triunfos, escondiéndose en las apariencias, aún aletea aquel pichón torpe y desvalido. Aquel eterno aprendiz que se negaba a abandonar la seguridad de su nido.

 

Nadie te volverá a recoger del suelo cuando caigas desplomado.. Porque el tiempo se acaba vengando y derrota a  quien ha sido  desagradecido.

 

 

 

 

 

Reflexión:

 

La verdadera grandeza no se mide solo por los logros, el éxito y la fama. La aporta ser humildes y agradecidos. Quien comparte sus éxitos con los demás, quién ayuda a otros a superarse, quien no olvida a los que en su día le apoyaron, nunca se verá solo.

No podrá existir verdadera justicia para quien no ha demostrado tener escrúpulos

 

Todos escondemos dentro de nuestro ser un pequeño rapaz ambicioso, desafiante que puede llegar a ser muy cruel. Nuestro ego. Lo mejor que podemos hacer es controlarlo.

 

Utilicemos nuestras fuerzas para un buen propósito, quizás, alcanzar nuestro sueño más deseado o contribuir a que los demás también alcancen sus sueños. Dejemos nuestras garras para luchar contras las injusticias y aprendamos a planear y esquivar nuestros miedos.

 

No solo somos el resultado de lo que hemos vivido, sino de todo lo que hemos aprendido de nuestras experiencias. Y, más importante que lo que hemos sido es todo lo que aún podemos llegar a ser.

 

Todos podemos llegar a ser tan fuertes como aprendamos a vencer nuestros miedos. Y todos podemos llegar a ser los más débiles, pero si reconocemos nuestra debilidad se convertirá en fortaleza.