Sólo morimos dos veces: El olvido

13 de November del 2017

Una vez leí que solo moríamos dos veces. Sentí mucha curiosidad y enseguida le encontré la explicación. Hay una muerte física, inexorable e inevitable y hay otra muerte que se produce cuando la persona fallecida deja de ser recordada por sus seres queridos.

Realmente, recordar se asemeja mucho a volver a vivir. Y el olvido es un como un túnel negro y profundo por donde pueden desaparecer personas, experiencias y momentos claves de nuestras vidas. Parece que todo se diluye y se borra en esa espesa niebla.

Este planteamiento nos debería llevar a pensar que cuando voluntariamente castigamos a alguien, que en su día fue querido al "olvido", de alguna manera, le estamos condenando a desaparecer. No puede existir una venganza más cruel que castigar a una persona  con un olvido incomprensible, que no tiene aparentemente justificación.  

Aunque no siempre lo hacemos voluntariamente.  Dada la aceleración con la que se produce la vida actual, a penas tenemos tiempo, Y en esta dinámica vertiginosa vamos demorando encuentros, llamadas y contactos con personas que han tenido  importancia en nuestras vidas.  Realmente no somos conscientes del precio que tiene esa desidia, pereza o dejadez, ya que un día queremos volver a contactar con ellas... y ya no están. Una segunda muerte las ha hecho desaparecer para siempre.

Las personas que nos aportan algo, de las que aprendemos, las que cambian nuestras vidas, las que le dan un nuevo significado, son joyas valiosas que deberíamos mimar y no dejar desaparecer.

Existe un olvido que sí es muy positivo. Apartar de nuestra existencia a la gente que nos hirió, nos despreció o nos manipuló. El dolor que nos causó su mal debería desaparecer de nuestra memoria con ellos.  El olvido puede ser una buena herramienta para que no nos ahogue el rencor o sentimientos de venganza, ya que son sombras que oscurecen el corazón. .

Por todo lo expuesto anteriormente, comparto con vosotros estas reflexiones en torno al olvido:

-          Es justo reivindicar la memoria de los seres queridos que dejaron este mundo, a través de rememorar sus obras, anécdotas y experiencias compartidas, porque es devolverlos a la vida. Asimismo, con este acto de generosidad también enriquecemos nuestra existencia con el fruto de su amor, y, podríamos cerrar un largo proceso de duelo.

 

-          Debemos cuidar y mimar nuestras relaciones con las personas importantes, que nos han aportado algo y con quien hemos compartido momentos entrañables. Si no lo sabemos hacer, el tiempo y otras circunstancias las alejará progresivamente de nosotros hasta convertirlas en sombras. Cuánto más tiempo pasa, más se incrementa la distancia.

 

-          El olvido puede ser un buen aliado, para borrar todo aquello que nos ha producido un dolor inmerecido.

 

-          Por último, si un ser querido nos hace daño de alguna manera, consciente o inconscientemente, siempre es mejor dialogar con esa persona, darle una segunda oportunidad, buscar nuevos puntos de encuentro, antes que castigarla al "olvido". No tenemos porque entenderlo todo a la primera. Puede ser que los que estemos equivocados seamos nosotros. Como ya indiqué en una de mis publicaciones, casi siempre hay una intención positiva en el otro, aunque no la compartamos o lleguemos a comprender. La empatía y diálogo es el mejor antídoto contra el rencor o los sentimientos de venganza. Las personas que saben perdonar tienen un corazón grande y repleto de luz.

 

-          Sin la memoria de todo lo positivo que nos aporta la vida, nuestra alma se empobrecería y se convertiría en indigente.



 

 

 

 

"Solo morimos dos veces, pero en nuestras manos está conseguir que las personas, hechos y circunstancias que merecen la pena sobrevivan una eternidad."

 

Autor: Manuel Casquero Durán

Ser y sentir

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