13 de November del 2017

Un acto increíble de amor

Esta historia se desarrolla en un suburbio cualquiera, repleto de barro y de miseria. En las afueras de la gran ciudad donde parece que acaban todas las carreteras y  los anuncios de neón ni siquiera se atreven a brillar. Las casas prefabricadas son nidos de hambre, marginación y miseria. Pocas veces nos muestran en los medios de comunicación la verdadera cara de la pobreza. Se podría pensar que `para los políticos, los bancos  y el consumismo  no existe. 

  

Una pareja de ancianos  desprotegidos, olvidados, y, posiblemente  cansados de vivir se preparaban  para pasar como una noche cualquiera su navidad.

 

Ella tenía la tez de porcelana y unos ojos grises, rutilantes, pero casi apagados. Demasiada nostalgia había empañado su mirada. Sentía dolores intensos porque sus huesos se habían convertido en cristal y se le habían deformado los dedos de las manos. Aun así, no dejaba de lavar su ropa a mano y se arrodillaba para fregar el suelo hasta dejarlo resplandeciente. Lo había aprendido desde niña y en sus esquemas mentales no cuadraba la posibilidad de utilizar electrodomésticos.

El tenía el alma desgastada y el cuerpo demasiado cansado. Para poder sobrevivir había compaginado  todo tipo de trabajos.  El último había sido en la construcción, pero lo tuvo que abandonar por su edad y problemas respiratorios.  Siempre se negó visitar a los médicos. No confiaba en ellos. Como el señalaba, su padre murió con noventa años y jamás había tomado una medicina. 

La generación que sobrevivió a la guerra civil y a la posguerra  se hizo fuerte aprendiendo a resistir.

Se  miraron los dos con la complicidad y la ternura de siempre. En muchas ocasiones no les hacía ninguna falta recurrir a las palabras para entenderse. Simplemente s aceptaban y se respetaban.

-          Esta noche nos toca cenar sopa de resignación y estofado de soledad- Bromeo el anciano.  Alégrate mujer. Quizás mañana nos llame alguno de nuestros hijos o nietos, para felicitarnos con su algarabía.

 

-          La navidad solo es para los niños y los jóvenes. No te engañes. La gente no deja de tener sus preocupaciones y obligaciones por ser navidad. Ojalá existiera un día al año en el que fuera imperdonable el olvido. No quiero emocionarme, pero la vida es así. Nosotros también abandonamos en su día el hogar de nuestros padres.

 

-          Tienes razón, pero nuestros ancianos morían en casa con nosotros. No los dejábamos apartados en una residencia.

 

 

-          No te quejes, después de todo nos tenemos el uno al otro. Y eso es lo más importante.

 

El cielo relucía radiante.  Caía una helada infernal. El cristal de los vehículos estaba repleto de escarcha. Por las falsas chimeneas brotaba   humo  gris que se perdía por encima de los tejados, como si fuese un pájaro sin alas. El aliento que se desprendía al hablar tenía la densidad de la niebla.

-          Esta noche hace más frío que ayer. No sé si será una sensación mía o es mi cuerpo que ya no tiene calorías.- Se lamento ella.

 

-          Solo disponemos de esta pequeña estufa de gas. El aire se introduce por las ventanas que no cierra bien.. En estas condiciones es imposible que la casa llegue a calentarse.

 

-          ¿Recuerdas aquellos años en los que un día como hoy era costumbre que los vecinos nos visitáramos y los niños golpeaban la puerta pidiendo el aguinaldo?

 

-          Mujer, la mayoría de ellos ya han muerto, otros están en la residencia.. Y, algunos con suerte consiguieron pisos de protección oficial en otros barrios. Hemos sobrevivido a muchos de nuestros vecinos...

 

-          Pero también es cierto que nos hemos quedado un poco más solos. –Apostillo ella.

 

-          Acércate a mi-Le sorprendió el extendiendo sus brazos- Somos ancianos y pobres, pero tenemos muchos recuerdos. Si revivimos algunas de nuestras historias pasadas, será mucho menos triste esta Navidad, ¿no crees?

 

-          Voy a ponerme una chaqueta un poco más gruesa. Además de quitarme un poco el frío, estaré algo más guapa para la ocasión. Tú deberías hacer lo mismo.

 

-           No hace falta que te arregles. Ya sabes que me gustas como eres. Me has gustado siempre y me seguirás enamorando.  Voy a abrir una botella de sidra. ¡Qué más da que no tengamos champagne!.

 

Empezaron a cantar y a rememorar  fragmentos de zarzuelas. Recordaron lo mejor de su infancia el pueblo,  los seriales de la radio en la posguerra, el día que se casaron y las ocurrencias de algunos de sus antepasados.

-          Conocimos tiempos peores, sin duda. Nos hemos hartado a trabajar y hemos realizado muchos milagros con nuestra pequeña paga.. pero la vida nos regaló cinco hijos y seis nietos. – Comentó con voz reflexiva el anciano.

 

-          Y una mala salud de hiero, para que pasados cincuenta años, aún podamos recordar.

 

 

En un momento inesperado,  ella apartó su vaso de sidra en la mesa, bajó su cabeza y tras un silencio emotivo, empezó a llorar.

 - ¿ Por qué tiemblas tanto?-Le dijo el anciano acariciándola las mejillas.

 

 - No sé. Será que no estoy acostumbrada a recordar tanto, ni a que me sorprenda la felicidad.

 

 - Dime ,¿qué es lo que temes?-  Te conozco bien.  Desahógate.

Volvió a erguirse en su silla. Respiró profundamente para controlar la emoción que la desbordaba y le confesó:

 - Me he dado cuenta que en todos mis mejores recuerdos siempre has estado tu a mi lado. Mi vida no tendría ningún sentido sin tu compañía. Hoy le temo más que nunca a la muerte, porque, quizás, morir sea irme en soledad. Dudo si existirá otra vida en la que nos volvamos a encontrar.

 

Una sensación inesperada invadió el alma del anciano. Las palabras de su esposa, más que palabras, eran una sonata al amor verdadero. En un principio, se estremeció. Fue un pálpito tan intenso que condensó toda una vida compartida en breves segundos.  Buscó desesperadamente la mirada de su esposa y le confesó:

 - Te juro que eso nunca pasará.. Nunca.

 

 - Siento tanto miedo a separarme de ti que no soy capaz de expresarlo.

 - Esta noche es posible cualquier milagro. Estamos viviendo una de nuestras mejores navidades. Venga, vuele a sonreír y vamos a brindar

 

 - ¿Brindar por quién?

 

 - Por nosotros, ¿te parece poco? ..  Para que sigamos unidos toda una eternidad.

 

 - No sé cómo lo haces, pero siempre consigues que vuelva sonreír.

 

La nieve empezó a brotar fuera de su hogar, porque en su interior empezó a brillar más fuerte que nunca la luz. Dos corazones compenetrados, abrazados física y espiritualmente, mirando la llama tenue de su estufa... resplandecían.

 

 

 

 

Unas horas después se quedaron dormidos los dos juntos y abrazados ,como si al unirse  cuerpo con cuerpo, mano con mano, hubiese recuperado cada uno su verdadera mitad.

Había nevado en su presente y en su pasado, pero ninguna nieve consiguió helar unos sentimientos de amor tan profundos.

 

Al día siguiente, en la primera página de los noticiarios destacaba una noticia sobre las demás:

“Se han encontrado fallecidos  a dos ancianos por asfixia en una barriada humilde. Todas las hipótesis parecen confirmar que la muerte se produjo por una mala combustión del gas.”

 

Ante la alerta, los bomberos entraron en  la infravivienda y descubrieron que  había sido arrasada por las llamas, menos el pequeño cuarto donde yacían los ancianos.  Un juez autorizó el levantamiento de los cadáveres para realizar una autopsia.

El hijo mayor tuvo la oportunidad de despedirse de ellos verles por última vez en su lecho de muerte. Al contemplar la imagen de sus padres unidos, pensó:

 

No parecen estar muertos. Más bien se diría que están dormidos y que pronto van a despertar. En sus rostros no se atisba ningún tipo de sufrimiento. Más que ancianos, parecen dos niños, frágiles y afectuosos. Están  serenos como si les hubiese consolado tenerse el uno al otro hasta el último aliento. Tengo el presentimiento de que han  disfrutado de una extraña felicidad.  

 

No sabía que su verdadera dicha fue morirse juntos los dos a la vez,  después de haber revivido tantas navidades, en su última navidad.

 

 

 

 

 

 

 

Reflexión:

 

 

El balance del verdadero amor no es más que un puzle de experiencias compartidas. Las piezas se unen una a una con compenetración, sentimientos de lealtad, respeto y ternura.

Un amor tan grande es como una luz poderosa que siempre dejará una huella. Nosotros nos iremos algún día, pero nuestros sueños y sentimientos nos sobrevivirán.

Solo envejecemos cuando dejamos de amar y de soñar. 

La hospitalidad y el calor de un hogar no la decoran los muebles, los detalles o los lujos,  sino la sintonía de los corazones que lo habitan.

Olvidarnos de nuestros  miedos, tristezas y preocupaciones , para sentir empatía y abrigar el corazón de la persona amada.  Luchar hasta el final por hacerla feliz… Es un acto increíble de amor.