VEINTE AÑOS DESPUÉS .(Balance del aprendizaje de la vida)

17 de December del 2018

Veinte años después, vivo más tranquilo. Ya no compito ni busco desesperadamente mi sitio, porque la vida me ha colocado por si sola en el sitio que me merecía. Un sitio privilegiado, donde no debo nada a nadie, no existen las prisas ni tengo que pagar tributos, y puedo contemplar la vida desde todas las perspectivas.

 

- Veinte años después, ya no persigo metas inalcanzables, si no sueños que me ayuden a seguir viviendo.

 

- Veinte años después, he aprendido que vaciándome de todo lo superfluo dejaba espacio para alimentar mejor mi espíritu.

 

- Veinte años después, ya no creo en las estrellas que nos deslumbran, porque se que su estela es pasajera y que tienen debilidades y oscuridades como cualquiera.

 

- Veinte años después, ya no busco enamorarme y desenamorarme Descubrí que el amor nos busca a nosotros y no nosotros a él. El amor no es una idealización. Entra mucho mejor por las puertas de la pasión, la compenetración, la complicidad y la ternura. La fuerza del amor se nutre con los instantes compartidos. Y, un día te sorprendes, de que amas a quien no esperabas, y de quien esperabas amar, solo era un espejismo.

 

- Veinte años después, ya no me siento herido, decepcionado ni abandonado. He aprendido a relativizar mi expectativas y que a la única persona que no le puedo ni debo fallar es a mi mismo.

 

- Veinte años después, he aprendido que nada pasa en la vida por casualidad. El tiempo es el mejor juez y acaba poniendo a cada uno en su sitio. Que vivir es una suma de aprendizajes, pero que para aprender hay que tener abierta la mente y saber desaprender lo que ya no sirve.

 

- Veinte años después, aún no he colgado mis títulos universitarios y Masters en la pared. Ninguno de esos conocimientos me enseñaron a vivir, ni me hacen especial ni superior a nadie.

 

- Veinte años después, me he enfrentado tres veces a la muerte. Y paradójicamente, preparándome para morir, aprendí a vivir mucho mejor.

 

 

 

 

 

 

 

- Veinte años después, acepto mucho mejor a los que fueron mis enemigos o jamás me comprendieron. Tienen plena libertad y derecho para que yo no les agrade, lo que no voy a permitir más es que me humillen, desprecien o intenten hacerme daño.

 

- Veinte años después, no creo en falsas promesas y me rebelo contra la manipulación. Quien realmente te quiere, te lo demuestra. Lo que no se cumple son palabras huecas.

 

- Veinte años después, no siento rencor, culpa o remordimientos. Cuando quiero borrar un recuerdo desagradable, simplemente me digo a mi mimo..."Bastante desgracia tienen con ser como son".

 

- Viente años después, no creo en medallas, triunfos y reconocimientos. El verdadero éxito es saber disfrutar con lo que realizas, independientemente te lo reconozcan o no. Cuánto más alimentamos nuestro "Ego", más posibilidades somos de ser infelices.

 

- Veinte años después, he aprendido a reírme más de mi mismo, a relativizar todo y a saber que la paciencia y la templanza son las dos virtudes más importantes que pueda tener el ser humano, para no desesperar

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- Veinte años después, sigo siendo el niño y adolescente que siempre se busca a si mismo. Por ello, creo firmemente que la vida aún nos puede sorprender.

 

- Veinte años después, se que el sentido de mi existencia no es otro que conocerme mejor cada día y permitirme la libertad de llegar a ser yo mismo.

 

- Veinte años después, he aprendido a sustituir el rencor por agradecimiento, a aceptar la realidad,a perdonar desde el olvido sincero y saber que el tiempo nos va aportando todas las respuestas que necesitamos..

 

- Veinte años después, amo con más intensidad a mi familia y a quien nunca se ha apartado de mi lado en las dificultades del camino.

 

- Veinte años después, he aprendido que el secreto de vivir, no es otro que compartir. Que los sentimientos son la música que brota directamente del alma y que donde hay caricias ya no faltan las palabras.

 

- ¡Veinte años después!... Cúanto tiempo ha pasado... Y todavía sigo siendo un aprendiz en el difícil arte de aprender a vivir.